Artículo publicado en RANKIA

Grecia es completamente incapaz de pagar su deuda

Sumando los conocimientos de macroeconomía asimilados con los años a un sentido común bien aguzado, tengo una triste sensación: en verdad los estados miembros no saben bien cómo resolver el problema de Grecia.

De hecho, diría, no saben si es un problema resoluble. Y eso, más que triste, es muy preocupante.

Parece que tratan de hacer más largo y pringoso el chicle, a fuerza de inyectar liquidez (aprobación de los tramos pendientes en el rescate de Grecia, y futura reestructuración).

Y además, el pasado jueves España intentó vender bonos, ofreciendo casi un 6%, y no pudo colocar toda la deuda. La anterior venta fue colocada por poco más de un 5%

Avanzamos in crescendo y saltamos directamente al primo tempo

La cuestión de fondo es cómo el problema de los bancos (alemanes y franceses ahora; hace un par de años, estadounidenses) se transfiere a los estados, y finalmente es transferido a los ciudadanos [léase financiado por éstos].

Aunque exista una quita en la deuda con cargo a los acreedores, el dinero del nuevo rescate/reestructuración de deuda va a parar a los mismos bolsillos, el de los acreedores.

Algunos títulos para la reflexión

«España en el punto de mira de los especuladores» (El Economista)

Crónica de una muerte anunciada (Gabriel García Márquez)

El mecanismo esquemático es bien sencillo: desde fondos públicos (europeos; indiciados por la fuerza bicéfala alemana-francesa; y FMI, al dictado de éstos y con la aquiscencia temerosa de Estados Unidos) hacia las arcas públicas griegas; desde el sector público del país helénico hacia los acreedores que se relamen ante la carroña (fundamentalmente, los bancos alemanes-franceses), por la parte marginal de la deuda total (al estilo país del tercer mundo); pagando esta «ayuda» por medio del recorte de gasto, incremento de ingresos en las cuentas públicas griegas, esto es, recortes sociales, y a fuer de país en vías de desarrollo, sin capacidad real de devolver lo prestado; como mucho, con endeudamiento supremo y reiterado, junto con recortes, con capacidad de abonar los intereses de esa deuda (nuevamente, a las entidades financieras acreedoras, alemanas y francesas).

El mecanismo es sencillo, pese a resultar ciertamente perverso. Y lo más extravagante del asunto es que, visto desde ese enfoque, Grecia no tiene mejores alternativas que le posibiliten el pago; y los bancos acreedores tampoco cuentan con mejores opciones para lograr el cobro (aun de los intereses, tan solo); probablemente por eso los estados  perciben de una forma nítida que de no actuar caerían sus bancos, a plomo, como lo hizo Lehman Brothers (y por su peso «sistémico», con los bancos caerían los propios estados), y se ven lanzados a esta suerte de «huida hacia delante» que nace con la crisis subprime y sigue sin llegar a su punto culminante.

Empezamos a acercarnos al nudo argumental de «La prima de riesgo y su afectación sobre el bienestar social», la novela negra de nuestros días. Veremos su primer desenlace en el capítulo «la guerra comercial y de divisas», fase previa al capitulo final «procesos armados de carácter global».

Según el catedrático Santiago Niño Becerra, la «fiesta» comienza ahora, con la quiebra de los estados que sigue a la caída de los bancos, y con la fractura del modelo económico existente.

Otros académicos ponderan el papel multilateral y de presencia geo-político-militar en el nuevo entorno financiero internacional de aquellos estados que hace unos años eran económicamente emergentes (China, India, Brasil, Rusia) y, a buen seguro, desde ahora juegan papeles importantes en el futuro de inversión y financiación del mal llamado primer mundo (USA y Europa).

Mil millones de mejillones

Este periplo ha sido dibujado recientemente por el economista y escritor Fernando Trías de Bes, de una forma correcta y muy ocurrente, como suele ser frecuente en su ya amplia obra.

En su libro «Mil millones de mejillones» describe de forma somera no sólo algunas de las teorías económicas más populares de la historia del pensamiento económico, sino este futurible al que acabo de referirme.

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castellopro@gmail.com

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