El apalancamiento, ese desconocido

Cuando algunos de los actores del comercio mundial tiran de apalancamiento, sus ventajas comparativas aumentan frente al resto de actores, y la cosa deviene en una especie de equilibrio dinámico de Nash, en el que quien no logra apalancarse (o no lo hace en la misma medida que los demás) no puede progresar al ritmo de los otros, provocando en verdad el empobrecimiento (relativo) de su economía, al menos por comparación directa con respecto del resto de actores.

Este mecanismo tan sutil (y en el fondo perverso) también funciona en el plano microecónico (inter-empresas), y es lo que ha propiciado la aparición de tal nivel de prosperidad en nuestras sociedades.

Un mundo feliz

Un ejemplo clásico: en ausencia de posibilidades de financiación (supuesto: apalancamiento cero), tanto para oferente como para demandante, la multinacional FORD no podría poner en el mercado más que una sexta parte de las unidades que actualmente produce, y de ésas sólo serían vendidas al consumidor finanl una décima parte (sólo a los clientes que pudieran comprar los vehículos «al contado»).

Desde luego, eliminaríamos los problemas de tráfico en nuestras carreteras, de una forma rápida.

También nos sobrarían carreteras, autovías y autopistas. Endeudamiento innecesario realizado por los estados, pues ya no harían falta tan importantes inversiones.

El sarcasmo es útil en este caso, pues pone de manifiesto hasta qué punto todo nuestro sistema económico y social se ha ido construyendo, desde hace más de un siglo, a partir de esta senda de expansión que surge desde el endeudamiento, y según el efecto arrastre que ella implica, desde las economías domésticas, hacia las empresas y hacia el sector público, si bien el orden no siempre ha sido el mismo.

Según han sido las circunstancias históricas y las voluntades políticas, el orden se ha visto alterado de forma premeditada. Estrategias de push y estrategias de pull, decimos en marketing estratégico. Tirarar de la demanda, en política económica.

Compremos un coche

En nuestro ejemplo el nivel de producción de FORD (y de tantas otras empresas) implica índices de empleabilidad directa (en la planta) e indirecta (industrias auxiliares); ello supone el abono de salarios a los trabajadores; como consecuencia de esto, se produce un cierto nivel de consumo de esas economías domésticas y, finalmente, el abono de tributos como medio de ingresos para el sector público; vamos, en suma, el famoso flujo circular de la renta, que se encuentra en una cierta medida, cuando tomamos la perspectiva debida, en la base del crecimiento y del endeudamiento de las familias, de las empresas y de los estados.

Dicho lo anterior, y a la luz de las sensibilidades despertadas por una (hasta ahora) sociedad sedada con una VISA en el bolsillo (¿acaso la cuestión de fondo no es que esa sociedad sedada desearía no haber despertado jamás del sueño?), hemos de afirmar con rotundidad y rigor que con independencia del mecanismo económico subyacente que alienta (y hace necesario) el endeudamiento como mecanismo de base para facilitar el intercambio, sí son de relevancia algunos aspectos:

(a) qué se hace con estos fondos (a qué se destinan)

(b) cuál es el nivel de endeudamiento, y sobre endeudamiento, asumible

(c) cuál es la responsabilidad de sus gestores (aseguradoras y entidades financieras quebradas, gobernantes irresponsables y/o corruptos)

Éstas y otras cuestiones sí pueden formar parte de un capítulo propio que, en efecto, debería ser tratado y abordado legislativamente, partiendo de  la perspectiva de fondo que supone el ejemplo de Islandia, o del que supusieron otras democracias más representativas que la española, a partir de votos a brazo alzado, acaso en las comunas helvéticas.

El espíritu del mayo español del ’11

No obstante, el ideal que ha quedado en el movimiento post-mayo-del-11, al menos en la acomodada sociedad española, parte de una eliminación tácita del endeudamiento, y obvia las consecuencias que tendría para la sociedad (española) en su conjunto. La caída del consumo sería devastadora. Si precisamente una parte del problema que acusa la economía nacional en estos días se encuentra en la falta de liquidez por la contracción monetaria de la deuda. Cuestión simple, de primero de licenciatura en economía.

Por analogía, volveríamos al nivel de desarrollo propio del no-endeudamiento, esto es, a una situación de reposo, con nuestro vehículo parado, pero veníamos circulando en coche, a 120 km/hora.

Como sociedad somos adictos a la deuda. Vivimos como país por encima de nuestras posibilidades, se ha publicado en prensa. Algo de cierto hay en ello.

La idea central es que volviendo a la analogía de la conducción en coche, y con independencia de los efectos ya mencionados que tendrían para la sociedad, el progreso económico y el bienestar colectivo (más aún con respecto de la cohesión social), en el caso de un choque frontal contra un muro de hormigón circulando a 120 km/hora, debemos tener siempre en consideración que una vez superado el impacto del vehículo, y sanados de las lesiones, nuestro bio-ritmo jamás volvería a ser igual, y nos veríamos obligados a desplazarnos caminando, de unos lugares a otros, por lo que un 90% de las cotas alcanzadas por ese concepto denominado «progreso» se vería involucionado hasta niveles próximos a los del primer tercio del siglo XX.

Y siendo sincero he de confesar que me parece un período histórico fascinante, pero que vivirlo ahora -en pleno siglo XXI- se me antoja poco deseable, sobre todo porque el arranque del siglo XX pierde mucho atractivo sin el esplendor estético del expresionismo.

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