Según la leyenda popular, en cierta ocasión, y ante una importante niebla que cubría el Canal de la Mancha, un importante rotativo británico titulaba a cuatro columnas:

“Europa se queda aislada”

Adenauer y De Gaulle. Merkel y Sarkozy. 

Europa se quedó aislada. Sí. Hace unos días Cameron escenificó algo muy similar en la cumbre precursora de la nueva Unión Europea. Es un éxito notable del dueto formado por Merkel y Sarkozy (en adelante, MerKozy), y quedará para los anales de la estrategia política la elección dicotómica a la que se vio obligado el primer ministro británico. 

Cuando en el proceso de fundación de la Unión Europea Francia vetó el acceso del Reino Unido, ya se demostraba una posición hábil por parte de los franceses, al tiempo que vehemente y persistente por parte de la admirable diplomacia británica. Ello, junto con la reticencia clásica de los franceses -desde De Gaulle- a integrarse en la OTAN (y el desarrollo nuclear propio, Argelia y Mururoa de por medio) dio a Francia un importante aire de autoridad en el motor europeo. El conocido eje franco-germano comenzaba a rodar.

Si bien Francia cedió finalmente en el ámbito de la OTAN -y el escudo anti-misiles ya es un hecho-, en lo económico ese eje ha vuelto a marcar la línea a seguir durante estos últimos años.

Desde hace unos meses se ha dado un desarrollo clásico en la teoría de juegos. El premier británico se ha visto obligado a tomar una posición condicionada por la trayectoria anterior de los sucesos, que a su vez fueron inducidos por las variables creadas (por acción u omisión) por el eje franco-alemán. Se trata de juegos secuenciales con información incompleta, multivariables y con disuasión de entrada.

MerKozy

El dueto MerKozy ha aprovechado (y creado) condiciones económicas muy adversas. Estratégicamente el planteamiento es impecable. Desde hace meses han dejado que la vía de agua de Grecia regurgitara, alarmando a los periféricos (resto de los PIIGS, aún no tocados por la crisis de deuda) y llevándolos al nivel pre-optimización fiscal.

Tras el renuncio del imprevisible Berlusconi (ahora sí, luego no): una vez el BCE había logrado bajar su prima de riesgo y éste había prometido recortes por doquier, y de lo dicho nada, MerKozy lo tuvieron muy claro:

Esos mediterráneos no son gente seria, no son de fiar. Lo mejor será llevarlos hasta las cuerdas y, cuando vean el abismo bajo sus pies, obligarlos normativamente.

Y  así hasta hoy

Zapatero dio un gran viraje al final de sus días (como presidente), por lo que, en dos tardes -eso sí- , modificó la Carta Magna, previo acuerdo con Rajoy, y con el cabreo de los minoritarios. Derecho al pataleo, supongo.

Cierto es que de aquello de refundar el capitalismo (Sarkozy dixit) queda hoy lo mismo que de la alianza de civilizaciones (Zapatero dixit), nada.

Pero no menos cierto es que el estilo intervencionista centro-europeo está imperando. Reducción de déficit, control y convergencia fiscal; pactos inter-estados y disciplina fiscal (léase recortes de derechos); tasa Tobin para las transacciones financieras; y en definitiva más Europa, más regulación y más construcción institucional. Menos estado del bienestar y más crecimiento económico a medio-largo plazo.

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