Hace unos días, leyendo el blog de mi twitt-amigo Sebastián Puig (alias @lentejitas), caí en la cuenta: la visión cuántica de la economía es la explicación. Huir del mecanicismo clásico, ese es el camino.

Esta crisis global, su estocástica y ese aire errático, casi grounge, solo pueden ser explicados mediante una nueva disciplina que revolucione los cimientos de la economía. La sensación de fluidez que aporta Schrödinger, con su gato, vivo y muerto de forma simultánea, superpuesta, puede arrojar luz sobre una aerolínea que vuela y se queda en tierra; recolecta recursos públicos y a la vez los metaboliza. También nos puede ayudar a comprender un país cuya calificación es degradada por una agencia y su diferencial (riesgo-país) se dispara o no. Todo ello siguiendo los principios de la mecánica cuántica. Porque nuestra realidad mecanicista nos ha hecho creer que en los estados de la economía existía A o B, pero la economía cuántica nos ayudará a intuir cómo A y B (simultáneamente, solapados y concurrentes) no son sino C.

A buen seguro, en las próximas décadas la economía cuántica contará con tal reconocimiento académico como la neuroeconomía dentro de los dominios de la economía y el management. Acaso también en los contextos de negociación y toma de decisiones. La economía cuántica en una mejor y más certera comprensión de la macroeconomía y la neuroeconomía en el detallado y completo análisis del comportamiento microeconómico. Al tiempo. Gaarder estaría de acuerdo. Creo.

Y es que Jostein Gaarder, si se lo propusiera, podría convertirse en un gran economista cuántico, porque en su brillante visión el ex-ante se vuelve ex-post, y el ex-post siempre sucede en concurrencia del ex-ante. Quizá esta sería una buena definición de la economía cuántica.

Si Gaarder reflexionara sobre el mundo de la economía, muy probablemente encontraría que la cuántica explica un desenlace en el que todos nosotros, agentes económicos, somos, porque existimos en la mente de un gran autor. Porque desarrollamos erráticos comportamientos (demanda, producción, ahorro, inversión), a partir de los estímulos que ese autor narra por nosotros, como personajes de esa gran obra que está escribiendo.

Parafraseando a Leibniz, nuestros grados de libertad y los de nuestras acciones (y los del sistema económico en su conjunto) están limitados al ámbito ofrecido por esa condición que nos brinda el autor.

Si Maya y Sofía, en su mundo, hubiesen sido hijas de la ciencia de la cuantificación de los recursos y la toma de decisiones, puede que la economía cuántica hubiese sido introducida antes entre los grandes economistas como línea de investigación.

La economía cuántica, además, como acostumbra a decir el Dr. House: es perfecta, lo explica todo. Nos permite inferir comportamientos aleatorios de variables y analizar su interrelación funcional con cada uno de los agentes económicos, con los personajes de la gran novela del sistema económico, de la Humanidad.

Si una persona pierde su empleo, podemos significar su situación mediante una ecuación y un punto que se encuentra en el cartesiano representará su persona y desdichas familiares. Para los clásicos mecanicistas únicamente es un agente, se puede agregar y desagregar, como un Lego. Es la economía contemporánea.

No obstante, aunque la economía cuántica logre identificar esa estocástica subyacente, con gran probabilidad también termine volviéndose insensible ante los efectos y las causas, pues el hecho de lograr explicar de forma simultánea y concurrente una realidad compleja de manera ex-ante, puede, no logrará sensibilizarnos de modo singular ante las consecuencias en las que agentes con limitado poder de toma de decisiones ven subsumidos sus grados de libertad.

Quizá la justificación se encuentre en la libertad condicional que supone cualquier decisión. Porque rechazar es aceptar. Y la economía es la ciencia del intercambio y la administración de la escasez. Cualquier elección implica consecuencias, siempre.

Puede que Gaarder incluso llegara a identificar ausencia de voluntad o propósito, o incluso la dificultad para establecer un fin en esa evolución del sistema económico mundial. Es posible que imaginara cómo los misterios del intercambio, los que sorprendieron a Smith, no fuesen sino consecuencia del propio devenir de los agentes, de sus estirpes pasadas, resultando inevitable que el intercambio se produjera del modo en que se ha realizado en los últimos treinta siglos. España reúne más desempleados que habitantes Finlandia. Nada es casual.

Como toda ciencia social, dice la teoría que se enseña en la Facultad, la economía no resulta reproducible de una forma empírica y planificada ex-ante, pues intervienen variables ajenas y no controlables (y en tiempo real). Disiento. También lo hacen las nuevas corrientes de investigación en economía y en administración de empresas. En la Universidad de Valencia, sin ir más lejos, el LINEEX modeliza y desarrolla experimentos multidisciplinares (más bien pone las instalaciones y su equipo técnico a disposición de investigadores de la propia universidad o de otros centros universitarios), fundamentados en la premisa de medición empírica del comportamiento económico de los individuos.

Quizá cuando saltamos el eje, desde la microeconomía hasta la macroeconomía, sí podemos ver que el agregado produce efectos sinérgicos y la medición se vuelve tosca, con lo que la predicción adquiere falibilidad.

Aunque la macroeconomía es estimulante, puede que me apasione en una mayor medida la microeconomía por su capacidad de análisis en la toma de decisiones y del comportamiento del individuo. Pero, claro está, el mecanicismo fue derrotado hace un siglo; y la economía cuántica, las redes neuronales y los efectos de la cronicidad del individuo comienzan a explicar y terminarán por permitirnos comprender muchas de las brechas existentes hasta ahora entre la teoría y su fit.

Más allá de la teoría de juegos, comienza a ser fundamental destruir cierto mecanicismo newtoniano que gobierna la teoría económica, esa certidumbre matemática (Slutsky, Hiks, Cobb-Douglas, Cournot, Nash, etc.), y promulgar el giro que en su momento hicieran, en los dominios de la física y las matemáticas, Einstein (todo depende, sí, pero con un límite; y según quién, cuándo y dónde hubiese saltado el eje), Heisenberg (nunca lo podremos llegar a conocer [bien, y a ciencia cierta], por nuestra propia condición de parte) o Gödel (si para todos nosotros es cierto, para aquellos que compartan nuestra certeza también lo terminará siendo, siempre que no rebasen ese límite).

Un nuevo, prometedor y estimulante sendero. La economía cuántica. Pensemos.

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