Fuerza y tesón

El éxito no llega por casualidad, titulaba algún libro de auto-ayuda de los últimos años ochenta. Viendo los ejemplos de Roig y Mercadona sabemos que la casualidad por sí sola nunca lleva al éxito.

El presidente de Mercadona, Juan Roig, ha puesto hoy en escena su esperado speech anual.

La prudencia y el sentido común han resultado determinantes como cada año. Al igual que Warren Buffett viene haciendo con sus míticas cartas anuales de objetivos para su conglomerado Berkshire Hathaway, Roig hace gala de una exquisita claridad conceptual en la que muestra cómo desde la humildad y con voluntad y capacidad de trabajo se pueden lograr cosas verdaderamente grandes.

Si el año pasado Roig dejó lapidarias frases como “lo mejor de 2011 es que será mejor que 2012”, este año ha incidido más si cabe en la necesidad que todos tenemos de redoblar esfuerzos y dejar a un lado la visión acomodaticia con la que nos hemos edulcorado en las últimas décadas. Empresas y asalariados. Sociedad civil y clase política, podría añadirse. El país en su conjunto.

Menos es más

El cambio es conflicto. Cabe voluntad. También decisión. Y abnegación. Juan Roig encarna perfectamente estos factores.

Las comparaciones son odiosas, y precisamente por eso son maravillosas.

El performance de Mercadona resulta admirable en términos absolutos, pero si lo analizamos de manera comparativa y en términos relativos (ROI) con otras grandes cadenas de distribución generalista y multi-sector (léase El Corte Inglés), los resultados de Mercadona después de impuestos pueden ser calificados como espléndidos sin miedo a excederse en la valoración.

Que una cadena de distribución con menor nivel de diversificación sectorial arrase literalmente en la comparación con una gran superficie presente en múltiples sectores (desde seguros y viajes hasta inmobiliaria, pasando por moda, alimentación, hogar, electrodomésticos o informática), dice mucho de la gestión llevada a cabo en Mercadona frente al atragantamiento que se le está notando en los últimos años a El Corte Inglés.

Roig sigue con una política clara orientada a trabajar desde el interior y hacia el exterior. Es decir, creando valor desde el esfuerzo y constituyendo estructuras sólidas de recursos humanos y comprometidas con la empresa (recuérdense las famosas políticas de conciliación y guarderías, por poner un ejemplo), revirtiendo en capital vía incentivos (reparto del beneficio) y un ajuste de costes de producción repercutido a precios, todo ello desde la premisa fundamental de unos estándares de calidad (en producto y servicio) que van mucho más allá de cualquier burocrática EFQM.

Muchas empresas pueden tener un sello de calidad. Se trata de seguir un protocolo y terminar obteniéndolo. Sólo algunas están capacitadas para hacer de la mejora continua su modo de ser. Esas empresas (esos empresarios, deberíamos decir), con todo el rigor no deben llamarse empresarios, sino emprendedores. Porque cada día emprenden. No son meros inversionistas. Viven por y para sus empresas, y obtienen de un pequeño avance un gran logro. Hacen que una pequeña diferencia sea una gran diferencia.

Emprendedor o empresario

Existen muchos tipos de emprendedores. Por mi experiencia profesional puedo constatar dos grandes tipos.

  • Emprendedores que tienen una idea brillante y tratan de hacer que la ventaja competitiva que supone esa “diferencia” termine por constituir un rédito defendible y sostenible en el tiempo, tal y como diría Michael Porter
  • Emprendedores que tienen una idea más bien común en su concepción, quizá ya trillada, pero que son capaces de enfocar y desenfocar de un modo particular para olvidarlo todo y volver a aprenderlo, re-conocer lo que ya sabían e intuir lo que jamás hubieran imaginado.

Evidentemente, existen personalidades híbrido que hacen una suerte de amalgama entre ambas posibilidades, pero siempre con mayor preponderancia de una de las dos.

¿Qué es el azar? Crear oportunidades

Juan Roig pertenece al género de los empresarios hechos a sí mismos, a fuerza de perseverar, haciendo mejores los caminos ya transitados y aprovechando las ocasiones que se presentan en virtud de la capacidad de visión fluida, es decir, creando oportunidades.

El azar sólo favorece a los espíritus preparados, decía Louis Pasteur. Y Roig es una muestra de cómo deben ser nuestros emprendedores. Un notable ejemplo de cómo debe ser la sociedad española post-recesión. Trabajadora, abnegada, ambiciosa e inconformista. Nunca derrotista. Siempre voluntariosa.

El tesón y la prudencia hacen de Roig nuestro Buffett particular. Donde Buffett nunca invertiría en un negocio que no pudiera llegar a comprender su tía Alice, Roig jamás permitiría dejar algo por mejorar, un camino por explorar.

Atrás quedan aquellos primeros y firmes pasos de integración vertical hacia atrás vía el fondo de capital-riesgo Atitlan, pura estrategia que Roig llevó a cabo hace unos años con magistral análisis de las oportunidades que se abrían, aun en tiempos previos a la crisis y posterior recesión. No en vano hace tan solo unos días se hizo público que Juan Roig impartirá las clases de Fundamentos de dirección de empresas en la titulación de grado en Administración y Dirección de empresas orientada a formar emprendedores, y que EDEM impartirá a partir del próximo curso en su nuevo centro universitario adscrito a la Universidad de Valencia.

Aromas de Montaigne

Escuchando a Roig me viene a la mente ese aire solitario e incluso un tanto impopular del que hacía gala Michael de Montaigne. Su sobriedad argumental y un vibrante sentido común devienen en irrebatibles.

Juan Roig ha tenido hoy palabras muy favorables a la reforma laboral; incluso ha indicado que se ha quedado corta. Pero resulta de sentido común que aspectos como el absentismo resulten relevantes para establecer la cordura en el mercado de trabajo. También ha incidido en los desincentivos económicos que implica la política de subsidios y gratuidad universal e indefinida y perpetua de algunos servicios púbicos.

Cabe hacer frente común y cortar una sangría como la que en España se ha sufrido estos años de abundancia y despilfarro.
El presidente de Mercadona también ha tenido palabras de denuncia para el excesivo nivel de gasto de los últimos años, de forma más acusada en la Comunidad Valenciana.

Juan Roig cuenta en su discurso con un valor moral. En un año como 2011, en claro proceso de contracción del mercado laboral, Mercadona no sólo no destruyó empleos sino que creó más de 6.000 puestos de trabajo. Es ese peso de autoridad que, lejos de entronizarle, causa mella en el confuso auditorio de ciudadanos de nuestro país. El fundador y presidente de Mercadona es, en definitiva, un ejemplo para muchos futuros empresarios. Y para no empresarios.

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