Como Leonardo DiCaprio en Origen, la película de 2010 dirigida por Christopher Nolan, nuestro país ha sufrido una profunda regresión onírica. En el film, DiCaprio y sus socios acceden hasta un tercer nivel de sueño, pero en verdad es en el cuarto nivel -hasta donde llegan los dos principales protagonistas, DiCaprio, el “extractor”, y el “sujeto” al que hay que lograr “extraer” la información (aquí, nuestro Sector Público)- donde debe sincronizarse la resolución de cuestiones latentes.

Si no es posible llevar a cabo la resolución en el último nivel, no es posible atravesar los niveles superiores y con ello alcanzar la resolución última del problema planteado.

Existe un efecto multiplicador que relativiza el impacto de las variables que caracterizan cada sueño (en el caso de la película, tiempo). Conforme se avanza hacia un nivel inferior el tiempo discurre de forma diferente en los niveles más profundos.

Para lograr salir de un nivel y enlazar con el superior es necesaria una “patada” que no deja de ser una señal de sincronización entre las diferentes realidades planteadas, cada de una de ellas con su propio “ciclo vital”, habida cuenta un tiempo relativo diferente.

Cuando hoy reviso el BOE y analizo cómo se articula la reducción de déficit para nuestro país en los Presupuestos Generales del Estado en 2012 no puedo por menos que recordar cómo España cuenta también con diferentes niveles de realidad onírica. Unos “extractores” que puede que también conserven algunos fantasmas de su pasado que le lleven a actuar de forma condicionada en los dominios de la banca, donde sus proyecciones del pasado pueden pasarles factura. Y un “sujeto”, el Sector Público español, que es al que hay que introducir una “idea” que debe germinar en su interior, hasta resultarle propia, el verdadero Origen: la necesidad de disminución de su desproporcionado tamaño.

La amnistía fiscal no deja de ser una leve contingencia encontrada en el primer nivel, donde la violencia es máxima y el subconsciente del “sujeto” ha herido de muerte al propio “sujeto”, obligando a los “extractores” a descender a niveles inferiores.

a) primer nivel, escenificado ayer en la rueda de prensa tras el Consejo de Ministros

b) en otro bucle vital, un nivel más inferior, el representado por una suerte de 17 taifas autonómicos

c) y más abajo, donde el tiempo (aquí, dinero) se vuelve más laxo y la velocidad de reacción, más que lenta, se expresa en lustros; el nivel de las Diputaciones

Cabe una seria posibilidad: fruto de sus propios fantasmas del pasado, los “extractores” terminen lanzándose tras el “sujeto” en plena persecución, llegando a un nivel inferior de realidad onírica. Me refiero a la magna obra del subconsciente del Sector Público, las Entidades Locales. En ese cuarto nivel las magnitudes cobran dimensiones económicas de crecimiento exponencial y el tiempo de reacción se expresa en escala jurásica.

Los ayuntamientos, sin duda, resultan decisivos para lograr atravesar satisfactoriamente todos los niveles, simultáneamente, a través de una “patada” correctamente sincronizada.

Como en la película, los actores principales son “extractores” que encuentran una violencia no esperada en el primer nivel. Porque el “sujeto” ha recibido entrenamiento para no dejarse “extraer” información (en este caso, para no dejarse realizar un ajuste fiscal).

En el segundo nivel de sueño, el nivel autonómico, el “sujeto” ya sabe de las intenciones de los “extractores”, pero ahí éstos se hacen pasar por amigos, por asesores y facilitadores del “sujeto”, y le hacen creer que su cometido se fundamenta en proteger al “sujeto” de la amenaza exterior.

Con Hispabonos o sin ellos las autonomías colaborarán, fundamentalmente por las necesidades de liquidez que en su mayoría tienen. El “sujeto” no sospecha. Pero es necesario descender a un nivel inferior: las diputaciones.

En el tercer nivel se desata una guerra entre el inconsciente del “sujeto” (diputaciones) y los “extractores”, donde muy probablemente deben huir hacia un cuarto nivel en la persecución del “sujeto”, porque de mantener la batalla en ese tercer nivel terminarían políticamente muertos.

Es cierto que en el tercer nivel el “sujeto” puede albergar la idea (como propia) de la reducción del tamaño del Sector Público, pero sólo la logrará desarrollar cuando en el cuarto nivel, el de los ayuntamientos, los “extractores” consigan convencer al “sujeto” de la ficción en que ha vivido todos estos últimos años.

Para ello, en ese último y más profundo nivel, donde el subconsciente de los “extractores” evoca un pasado imperfecto, además de una “patada” correctamente sincronizada, es imprescindible que el “tótem” del “extractor” (aquí, déficit) deje de girar.

Sólo si el último fotograma del film nos muestra cómo la peonza cae sabremos con certeza que pudimos dar la “patada” con éxito, atravesando los cuatro niveles de sueño, y que nuestro avión (España) al encontrarse tomando tierra no lo hace dentro de un sueño.

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