Artículo publicado en ElDiario.es 

 

“Las puertas sólo se abren para quien gira el picaporte”

José Narosky

 

 

Quizá la mayor dificultad de la vida pase por tener que decidir la puerta que deseamos abrir. Accionando el picaporte con la frescura de un niño. Curioso y espontáneo. Asumiendo lo que muestra tras de si con el coraje de un adulto.

 

Pero para ello resulta necesaria la valentía propia de una biografía curtida a lo largo de toda una existencia.

 

Decía Epícteto de Frigia que la felicidad, la tranquilidad interior, la libertad y la eficacia exterior comienzan con una clara comprensión de ese principio que establece cómo algunas cosas están bajo nuestro control y otras no.

 

Al evitar tomar decisiones se termina por infringir más dolor que al aceptar las derrotas de la vida.Las personas tóxicas y su victimismo lanzado cual bombas de racimo corren el riesgo de ir apartándonos poco a poco de nuestro camino. Y con el conformismo abonamos el cultivo de la mediocridad.

 

Siempre resultó mucho más fácil llamar a las puertas del destino que aceptar el camino elegido.

 

 

Vivir es decidir… al norte del sur

 

Dentro de los campos de acción que nos brinda la acción individual, y con el paso de los años, los adultos vamos desarrollando múltiples inercias que asfixian nuestras capacidades e imantan esa brújula interior que conocimos en la infancia.

Así lo narra magistralmente en Poderoso como un niño el profesor de IE Business School, José Miguel Sánchez.

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Las habilidades innatas del niño van cediendo poco a poco como una delgada capa de hielo del estanque ante el peso de nuestra rutina adulta, en función de lo que se espera de nosotros y de lo que creemos que es esperable de nosotros.

 

Del mismo modo que Sísifo, nos vemos condenados a elegir durante el resto de nuestros días. Y a asumir aquello que no podemos cambiar.

 

Ahí arranca la fractura existencial, fruto de evitar lo ineludible en la inercia de una vida que, erróneamente, creemos sin fin.

 

 

Sólo desde la transparencia del niño que fuimos podemos llegar a comprender nuestra existencia y el fin último de la vida, degustándola y aceptándola desde la gratitud, como un poderoso filtro de pasión proyectado desde nosotros mismos y hacia los demás.

 

No busques, encuentra. Fluye.

 

Entre tanto, con el paso de los años, vamos perdiendo el foco. La pasión. Poco a poco, se va apagando el brillo de nuestros ojos y la magia desaparece. La valentía se ve moderada por la cautela y ésta finalmente da lugar al miedo.

 

Precisamente porque el sendero vital se muestra tortuoso no contamos con más opción que resetearnos, nos recuerda el profesor Sánchez, recordando lo olvidado y redescubriendo habilidades innatas que contribuyen a disipar el miedo y nos arman de confianza.

 

Porque en el sereno disfrute del camino, desde su complejidad, se encuentra nuestro sentido último.

 

Elige, disfruta, sorpréndete y acepta. Vuélvete poderoso como un niño. Vive.

 

 

 

 

 

 

 

 

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