ARTÍCULO PUBLICADO EN VALENCIAPLAZA.COM

Caída del precio del barril de crudo. El Brent por los suelos. Inquietud internacional. Amenaza de deflación. Y justo ahora que España se revelaba como el motor de Europa. ¡Qué mala suerte! Teorías conspiranoidesen el seno de la OPEP. Pactos secretos según los más magufos. En la realidad, una práctica de fijación de precios predatorios. Ah, no, perdón, que la OPEP no es un cártel y no se dedica a fijar los precios. Disculpen la ironía.

En diferente medida, y por motivos muy diversos, Arabia Saudí, Estados Unidos, China y Alemania entre los más beneficiados por el desplome del petróleo. Cualquier país energéticamente dependiente, como España, también. Rusia, Irán y Venezuela entre los más perjudicados a medio y largo plazo. La mayor parte de los países productores necesita que los precios se sitúen por encima de 80$-90$ el barril para lograr un equilibrio de sus balanzas fiscales.

En cuanto venzan los contratos de suministro de petróleo a largo plazo suscritos entre Ecuador y China, y de seguir en este escenario bajista, el país de Rafael Correa comenzará a tener serios problemas macroeconómicos.

En el punto de mira se sitúan también las energías renovables, el fraking, muchos yacimientos marinos y las futuras prospecciones petrolíferas. Entre tanto, China y Alemania disparan sus compras haciendo acopio de reservas a unos precios muy competitivos que nadie sabe con certeza cuánto tiempo pueden mantenerse.

No en vano, si fuésemos capaces de garantizar -con un alto grado de certeza conspirativa- un escenario futuro de precios del barril de Brent situado en la banda de los 40$-50$ durante más de uno o dos años, la mayor parte de los proyectos de inversión actualmente en estudio o en fase de ejecución deberían ser reconsiderados. El escenario bajista a largo plazo provoca que las proyecciones financieras consideradas como rentables en un contexto de precios de más de 100$ el barril ahora se vuelvan claramente inviables.

Y es entonces cuando, desde el BCE, Mario Draghi se lanza al rescate. La prima de riesgo española por debajo de los 100 puntos básicos. Porque, no lo olviden, somos el motor de Europa.

Los mercados descontaban que el presidente del Banco Central Europeo iba a lanzar una ofensiva monetaria consistente en medio billón de euros calentitos, recién impresos. Finalmente, su paquete de estímulos duplica esta cantidad.

El programa se articula como un plan de compras de activos de entre dos y 30 años, que asumirá 60.000 millones mensuales de euros de deuda pública y privada, durante al menos 19 meses, por un total de 1,14 billones de euros. A España le corresponden unos 150.000 millones de euros.

El esquema de riesgos parece seguir el Principio de Pareto, correspondiendo un 80% del riesgo para los diferentes Bancos Centrales y un 20% para el BCE. Una operatoria relativamente simple: crear nuevo dinero y canjearlo por los activos (deuda) que contienen en su balance las entidades financieras.

En la práctica, darle a CTRL + P y ponerse a imprimir billetes, muchos billetes, sin prisa pero sin pausa. Los euros circulan y la fiesta no para. Al fin y al cabo, como decía John. M. Keynes, a largo plazo todos estaremos muertos. Francia sigue mal de lo suyo. Italia sin hacer los deberes. Y Alemania…, ay, Alemania… Hoy no hablaremos de Alemania. Porque España es el motor de la UE.

Nuestra última EPA arroja unos datos de primer nivel. La euforia se palpa en el ambiente. También el miedo escénico, como decía Jorge Valdano. 2015 trae muchos comicios. Estén atentos porque vienen curvas.

No es casualidad que el anuncio oficial del Plan Draghi se produzca en vísperas de las elecciones griegas. Rescate encubierto. En este caso, para toda la Unión Europea. La maquinaria de marketing electoral está en marcha. De lo que ocurra el domingo 25 de enero dependerán muchas de las aristas que conforman esta poliédrica Europa.

El BCE lo intenta y lo logra. Cuadra el círculo, aunque con cierto retraso relativo respecto a la Reserva Federal de los Estados Unidos. Recordemos que la FED extendió su tercera expansión cuantitativa (QE3, Quantitative Easing) durante 37 meses comprando deuda para inyectar liquidez al sistema, lo que terminó provocando una revalorización del 50% en las cotizaciones de los principales índices bursátiles. Aviso a los navegantes europeos.

Siendo cortoplacistas, nuestras empresas notarán el aleteo de mariposas en el estómago. Los pedidos internacionales irán en aumento. Si además fluye el crédito, la demanda interna mejorará en nuestro país. Puede que España cree empleo neto de manera decidida a lo largo del año. Ya saben, ‘el dinero comienza a llegar desde todas partes’. Como bromeaba en un tuit el profesor Andrés García Reche‘Es tanto el dinero que está entrando en España que hay días en los que no puedo ni salir a la calle’.

En la contrapartida, siguiendo la idea de Warren Buffett, la FED y el BCE se configurarán como los mayores hedge funds del mundo, atesorando en sus balances la más importante concentración de activos del sistema financiero internacional. En términos popularizados por el entrañable Leopoldo Abadía, estos Bancos Centrales habrán logrado limpiar parte de la ‘porquería’(contable) que el sistema financiero tenía en sus balances al comienzo de la crisis y que… o no sabía que tenía o hacía ver que desconocía tener.

Paralelamente, y en alegoría con la conocida cinta de Sydney Pollack de 1969 basada en la novela homónima de Horace McCoy (They Shoot Horses, Don’t They?, 1935) que fue estrenada en España bajo el título de Danzad, danzad, malditos, las democracias occidentales ponen a prueba los límites de resistencia de sus Estados de Bienestar, y una minoría analiza el cumplimiento providencial del Teorema de Imposibilidad (Trilema de la Globalización) formulado por el profesor Dani Rodrik, según el cual, en el contexto actual, la democracia, la soberanía nacional de los Estados y la integración económica mundial son mutuamente incompatibles. Podemos combinar cualquier par, pero nunca lograremos que las tres se muestren, simultáneamente, en todo su esplendor.

Es posible que las pulsiones electorales -primero en Italia, luego en Grecia y ahora en España- nos conduzcan hacia una apuesta decidida por la soberanía nacional; quizá la soberanía esté perdiendo su batalla con la integración económica, pero la guerra se decidirá en la batalla final que ya ha comenzado a librarse en la frontera de la globalización y el Estado del Bienestar.

Aunque seguramente no todos llegarán hasta el fin del baile, gritemos hoy todos juntos: ¡Imprimid, imprimid, malditos!

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