Artículo publicado en el diario La Verdad

En un país como el nuestro, de ascendencia envidiosa e idiosincrasia cainita, fracasar está casi tan mal visto como tener éxito.

El empresario si consigue que su empresa crezca, obviamente, tiene que ser un explotador; si ha ganado mucho dinero, seguro, es una mala persona. Algo malo le habrá hecho a otros para llegar a enriquecerse.